La Isla mínima es una de las piezas cinematográficas más interesantes y completas que se ha podido ver el pasado año y que nos recuerda que en España también se hace buen cine.
Esta producción se parece mucho más a un producto de talla mayor, con pinceladas de David Lynch, toques Fargo y un aroma True Detective que la hace maravillosa para poder reflejar lo que ocurre en un lugar cercano al Delta del Guadalquivir, en una época en la que España salía de una dictadura y una democracia hacia acto de presencia muy tímidamente.
Alberto Rodríguez director de Grupo 7 (2012), nos regala este maravilloso producto, que tiene una brillante realización, una carga de lecturas paralelas muy interesantes y con un guión bien desarrollado, que nos lleva a un trasfondo social y político de una época turbulenta en España, con una oscura y húmeda Andalucía de protagonista, tierra de la que es el propio director.
Crea un trhiller magistral, con unos actores que han dado lo mejor de si mismo, que sorprenden y cumplen con creces, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, llegan a poner la piel de gallina y dan algunos de los momentos más potentes de nuestro actual cine. Una muestra como ya venimos diciendo, de que en este país se pueden hacer muy buenas producciones y que solo hace falta que creamos más en ellas.
La película está ambientada en 1980, y nos cuenta la historia de Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo), dos policías ideológicamente opuestos y que tienen sus propios fantasma, ambos trabajan en el departamento de homicidios de Madrid y que por una sanción, son destinados a un pequeño pueblo en las marismas del Guadalquivir. Allí tendrán que resolver el caso de dos adolescentes desaparecidas durante las fiestas del pueblo. Los agentes deberán dejaran de lado sus diferencias y se unirán para resolver un misterio en el que nada es lo que parece y que oculta una clara intención. Dicha investigación, está siendo molesta, ya que a los aldeanos no les parece interesar, pues el pueblo vive anclado en el pasado y en los turbios negocios que prosperan, las mujeres están menospreciadas y la sombra del pasado aun está muy presente.
Esta es una de esas películas que desde empieza, hasta que termina, sabemos que está realizada por un profesional que sabe lo que quiere y sabe como llevarlo a cabo, y de una manera digna de elogios. Desde contraluces, a siluetas misteriosas muy bien colocadas, los planos cenitales a vista de pájaro a modo de mapeado proponen una doble lectura de lo que vamos a ver, parecen ser partes de un cerebro o de un lóbulo, que se ramifica en un terreno lleno de irregularidades. Todo esto acompañado por la banda sonora de Julio de la Rosa, una pieza que es suave, delicada y que retrata el estado global de la película. Hay que destacar la labor de fotografía de Álex Catalán que da un aura de calidez dramática y tristeza a una propuesta que lo pide, como ya he dicho recuerda muchisimo a esa textura que tiene Twin Peaks, Fargo, Seven, True Detective, lo que la convierte en un producto deseable y digno de estar donde debe, seguir consiguiendo premios y barrer en Los Goya.
En definitiva, es una película digna de todo lo bueno que se pueda decir de una producción, que está cuidada hasta el mínimo detalle, y que retrata una historia y época real, es imperativo verla si te gusta el buen cine y disfrutarla más de una vez si es necesario, producciones así no se ven todos los días.
Dirigida por Alberto Rodríguez (Grupo 7), escrita por Rafael Cobos (Grupo 7), protagonizada por Raúl Arévalo (Los amantes pasajeros), y Javier Gutiérrez (Zipi y Zape y el club de la canica), Antonio de la Torre (Caníbal) y Nerea Barros (El Tiempo entre costuras), entre otros.
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Recién la vi y es un peliculon totalmente recomendado.